lunes, 16 de mayo de 2016

Espejo

El hada se hizo pequeña con un simple chasquido de dedos. Sus costillas se volvieron del tamaño de pestañas y su corazón, pulmones y órganos vitales se empequeñecieron hasta caber dentro. Sus alitas no temblaron cuando se metió en el oído del joven y navegó hasta llegar al cerebro. Una vez allí, tomó el mando: hizo que le empezaran a sudar las manos, que el corazón le latiera a un ritmo frenético.
Enfrente de él, estaba la chica de la que estaba enamorado, controlada a su vez por un hada.

No podían estar juntos, pero lo que sí podían hacer era manipular a los mortales para que jugaran a amarse, aunque en realidad era el simple reflejo de lo que ellos sentían.

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