lunes, 23 de mayo de 2016

Futuro precipitado

Con trece años, era más madura que cualquiera de mis amigas. Tenía claro mi destino, solo me quedaba esperar a que este llegara. Mientras mis compañeras jugaban con muñecas, yo daba clases extras de geografía, economía, derecho y alemán.
Me gustaba el futuro que otros habían planeado para mí y, aunque todo el mundo esperaba que renunciara a él, yo tenía claras mis convicciones y luchaba con mucha fuerza para ser la mejor versión posible de mí misma.
Sin embargo, mi futuro llegó antes de lo esperado, lo que causó que me agobiase tanto que ni siquiera tuve espacio para la tristeza.
Estaba en mi habitación leyendo cuando Thomas me interrumpió. Sin decir nada, me hizo un gesto para que le siguiera hasta una habitación que conocía de sobra, pero a la que se me tenía prohibida la entrada. El mayordomo abrió la puerta con una llave y me dejó entrar. La sala estaba repleta de estanterías altas y anchas, todas llenas de libros clasificados por etapas históricas.
Casi me emocioné al verlo y no me podía imaginar por qué me habían restringido la entrada a un lugar tan hermoso. Di una vuelta sobre mí misma e intenté obtener el mayor número de datos posibles. Miles de lomos de colores me observaban, invitándome a agarrarlos y leerlos.
Escuché la puerta cerrándose y cuando me giré, en el lugar donde antes había estado Thomas, encontré un sobre blanco en el que ponía mi nombre. Lo abrí mientras me sentaba en una butaca y comencé a pasar la vistas por las palabras escritas del puño y letra de mi difunta madre.
Querida Stephanie:
Los médicos me han dado pocas semanas de vida. Estoy enloqueciendo poco a poco y apenas puedo escribir porque el pulso me tiembla mucho, pero no quería morir sin escribirte esta carta.
Nunca te había dejado acceder aquí por una razón egoísta -a veces las madres lo somos-: este era mi lugar de desconexión y mi secreto. Y ahora quiero que también sea el tuyo.
Una vez me dijiste que te costaba encajar, como si el mundo se rigiese por unas leyes diferentes a las tuyas. Probablemente sea así: tu manera de pensar y, en consecuencia, de actuar, nunca han sido parecidas a las del resto de personas.
Los libros contienen mundos en los que es fácil adentrarte. Los escritores, en su mayoría, son personas cuya alma funciona de forma diferente a la de los demás, por eso te será más sencillo ajustarte a un mundo creado por ellos que en el mundo real.
Pero, de todas formas, no es necesario “encajar”. No seas una pieza más de este puzzle en el que se ha convertido la vida. Salte del molde porque, aunque no siempre será la opción más fácil, será la que te haga más feliz.
Por último, quería desearte mucha suerte con tu nuevo puesto de trabajo. Estoy segura de que desempeñarás tu función de forma excelente.
Hasta siempre, majestad (ahora que he muerto sí que puedo llamarte así)
Te quiero
Me permití llorar y fue como si todo el cansancio, la tristeza y la presión salieran desde mi alma en forma de agua recorriendo mi rostro. Mi querida madre, la antigua reina, me había dejado mucho más que un trono o una biblioteca.
Me había dejado sus enseñanzas, su amor por el arte, su humanidad… Esperaba saber aplicar todo eso durante mi reinado.

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