Una vez me preguntaste a qué sabían las nubes y yo te contesté que no sabía, lo cual es cierto.
Ahora, estando solo en mi rincón -aunque supongo que ahora, en parte, también es tuyo-, me doy cuenta de que depende.
No creo que las nubes tengan sabor -mi cerebro científico me impide pensar que son algo más que vapor de agua-, pero es cierto que parecen distintas y no solo por su forma. Podemos imaginar que tienen sabores, podemos jugar a intentar adivinar su forma. Pero me he dado cuenta de una cosa: el color de las nubes depende de cuánta agua tengan en su interior o de lo cerca o lejos que el Sol se encuentre.
La nube, por definición, es blanca. Si le pides a alguien que dibuje una nube, probablemente dibujará un contorno y dejará que el papel blanco se transparente por debajo. En cambio, si le pides que dibuje una nube que anuncie tormenta, hará el mismo dibujo, solo que coloreado de negro.
No soy especialista en dibujo, lo mío es hacer números para lograr levantar un edificio, pero soy observador y sé que existen los matices.
¿Qué es una nube? ¿”Una” nube son las masas grandes de vapor de agua que surcan el cielo? ¿O son cada una de las pequeñas masas que la componen?
¿Un rebaño es un rebaño sin tener en cuenta cuántas ovejas lo componen o cómo son estas individualmente? El rebaño depende de quién es el pastor, de como es el perro guía, de cómo se relacionan las ovejas entre ellas. El rebaño es un colectivo. Y, de todas formas, qué importa el nombre. El rebaño es una simple idea de la compleja realidad.
Creo que estoy empezando a desvariar. Es por tu culpa, rubia.
Lo que quiero decir es que el rebaño, las ovejas, las nubes… son una metáfora.
No somos lo que los demás ven (un nubarrón negro, una nubecita blanca). Somos lo que sentimos y, por desgracia, a veces somos lo que los demás nos hacen sentir. Somos contrastes, somos matices, somos contradicciones. Somos el agua que se carga en nosotros hasta que tenemos demasiado y empezamos a llover, pero también somos el Sol que nos ilumina y nos hace tener colores bonitos.
Lo que los demás ven de nosotros es solo un dibujo plano hecho con los colores primarios. Somos más que un cuerpo. Somos miedo, ira, amor, ansiedad, soledad, fracaso, emoción, pasión… Somos sentimientos.
Yo ahora soy soledad porque te echo de menos. Pero también soy alegría porque ya no siento que una parte de mí haya desaparecido, sino que una persona externa a mí, independiente, se ha ido de mi lado para no volver.
Y, joder, sigue siendo devastador. Nuestra cama ahora es tuya, nuestro coche ahora es mío, nuestros hijos ahora parecen ser solo tuyos…. y míos a ratos. Ya no soy parte de tu vida y yo no soy parte de la tuya. Tengo que guardar los momentos vividos porque no vamos a crear momentos nuevos.
Pero ya no me siento vacío, solo triste.
Lo cual es mejor, porque no necesito que alguien rellene ese hueco, solo me necesito a mí.
Y se siente bien.