Mack tenía dos madres que le daban todo lo que quería. A los cinco años quiso chuches y sus madres le dieron una máquina expendedora de golosinas (lo que causó que a los diez años le dolieron las muelas y tuvieron que empastárselas). A los trece años, empezó a interesarse por el cine y sus madres le crearon un cine en el sótano de casa. A los dieciséis años se obsesionó con las boybands y sus madres la llevaron a todos los conciertos.
A pesar de que tenía todo lo que quería (o quizá por eso mismo), a los dieciocho años, le pidió a sus madres independizarse. Ellas no querían pero tras una amenaza por parte de Mack, decidieron comprar un terreno cerca de la vivienda familiar. Como una de ellas era arquitecta y la otra diseñadora industrial, en un momento tuvieron hechos los planos y el mobiliario de lo que sería la nueva casa de su retoño.
El diseño era bastante sencillo: una única planta con jardín y piscina. La puerta principal daba a un salón con una gran televisión y un equipo de sonido que era capaz de destruir las paredes si se ponía a máxima potencia. Por supuesto, era requisito esencial tener reproductor de música, además de una máquina productora de hielo y un almacén para ginebra y ron.
La habitación principal tenía su propio vestidor y baño con jacuzzi y tocador. Al cuarto de invitados, donde todos sus amigos iban a invocar a Dios sobre la cama de matrimonio con sábanas rojas, se unía también a un baño para que los fiesteros pudieran deshacerse del alcohol sin ensuciar el maquillaje y las cremas que se encontraban en su baño. Ese baño también tenía una puerta para acceder desde el gran salon el cual estaba prácticamente unido con la cocina. Ambos, que estaban prácticamente unidos, tenían unos grandes ventanales que conectaban con el gran patio y hacía que toda la casa fuera muy luminosa.
Habían contratado a varias personas para que mantuvieran la casa limpia y cocinaran cada día y, de ese modo, Mack pudiera estar todo el día tomando el Sol en el jardín o bañándose en la piscina.
Estuvo feliz viviendo allí durante los dos años siguientes. Organizaba fiestas cada fin de semana y durante la semana, ocupaba su tiempo en dibujar o leer en su estudia. Sin embargo, cuando cumplió los veinte años, la casa comenzó a antojársele solitaria. La cama de matrimonio se sentía vacía, demasiado grande para una persona. El vestidor tenía espacio para, al menos, las prendas de una persona más. Se había cansado de organizar fiestas dionisiacas, de retirar vasos rojos de la piscina, del alcohol.
Y entonces llamó a sus madres y le pidieron que le diseñaran un compañero. Sus madres crearon los pies de un chico y después continuaron subiendo por su cuerpo: piernas largas, pecho musculado, hombros anchos y su rostro. Ojos verdes, nariz alargada, labios rosados y carnosos… Un auténtico bombón.
Le colocaron en la puerta de su casa y Mack se puso muy contenta y estuvo con ese humor durante varios meses. Y luego, se volvió a sentir vacía. El calor robótico no le era suficiente, los delicados dedos del autómata no la acariciaban como ella quería, sus besos no le sabían a nada.
Llamó de nuevo a sus madres y les reclamó que el robot no era lo que ella había pedido, que quería una persona de verdad. Y, por primera vez, las madres no fueron capaces de darle a su princesa lo que tanto ansiaba.
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