En un mundo liderado por hombres, ser mujer no es fácil. Si ser mujer hubiera sido sencillo, entonces ella hubiera tenido la mismas oportunidades que todos los demás chicos que se presentaban pero, al tener vagina, tenía que demostrar el doble para conseguir la mitad.
Si el mundo fuera justo, yo lo habría conseguido.
Se buscaba sucesor para el puesto de jefe de tribu. En teoría buscaban una persona, pero estaba claro que lo que querían era un hombre alto y fuerte. La persona tenía que ser capaz de dominar la espada, el arco y otras artes. Artes que ella conocía muy bien.
Cuando Dakota mostró su deseo de presentarse a las pruebas, muchos le dijeron que estaba loca, pero otros muchos la apoyaron y la admiraron. La mayoría de las mujeres pertenecían al segundo grupo y decían que ya era hora de que una mujer obtuviera el mando.
Las pruebas empezaron, no sin impedimentos para Dakota. Pronto descubrieron que era la mejor, incluso antes de que llegara su especialidad: el arco.
Sus flechas estaban en la espalda, el arco en la mano. Ese mismo día habían intentado envenenarla, pero se había sobrepuesto. Porque nadie iba a pararla.
Posicinó la flecha y tensó la cuerda. Apuntó a la diana, respiró y soltó. Cortó el aire y dio en el centro. Siguió lanzando y todas dieron en el centro.
Incluso la últimas, que fueron a parar en el corazón de todos los que no habían creído en ella.
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