Quizá solo intento ocultarme en este océano de colores:
labios rojos que destacan sobre la tez pálida,
mechones llamativos tapando la cara,
coronas de flores rosas en la cabeza,
sombra verde en los párpados
y pómulos decorados con colorete.
Las manos se me vacían de ilusión,
duermo pero no sueño.
Cierro lo ojos,
lo único que veo es oscuridad,
la esperanza se tiñe de negro.
Intento adornar la depresión con palabras melifluas,
pero se marchitan
antes de comenzar a florecer.
Camino, corro, me desplazo,
aleteo pero no alzo el vuelo,
emprendo la huida,
pero a todas partes me persigue mi enemigo.
La contaminación está en mí
-me digo y veo derretirse el hielo en el vaso de ginebra-
Muerto el perro,
se acabó la rabia
-añado.
El corazón tiene voz de tambores.
Me siento valiente al destrozar mis muñecas.
La partitura marca el ritmo,
dibujo una clave de sol,
una negra,
una blanca,
una corchea.
La música se vuelve muda.
No hay comentarios:
Publicar un comentario