lunes, 8 de agosto de 2016

Sal

Te veo desde abajo sonriendo.
La oscuridad se convierte en mi única luz,
los pulmones se encogen para necesitar menos aire.
Y tú me dices que respire.


Te veo desde abajo burlándote.
El pelo se extiende por todos lados,
la boca lucha por el oxígeno.
Y tú me dices que me amntenga con vida.


Te veo desde abajo fotografiándome.
La cabeza hace tiempo que perdió la consciencia,
los brazos aletean para salir a la superficie.
Y tú me dices que nade.


Me deshago de mis cadenas, me arranco la pesa de las muñecas,
obligo a mi corazón a realentizarse,
y vuelo.


Y sigo volando por encima del agua,
por encima de ti,
por encima de las nubes,
por encima de la tierra
y, cuando mis bronquios se llenan de pureza,
toco con mis pies el suelo
y te observo.


Y tú me suplicas que te perdone
mientras te agarro del cuello;
y tú me dices que era por mi bien,
mientras te sostengo sobre la nada;
y tú me gritas que me quieres mucho,
mientras te dejo caer al mar.


Y tú me ves desde abajo.
Y no me ves sonriendo
porque yo ya me he ido volando,
buscando a alguien que no me quiera tanto
y me quiera mejor.



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